
Pido mil disculpas, hoy no hay nada que leer...
mi lapicero no quizo escribir.
Pense en dibujar pero solo
dejo marcas en el papel
sin rastro de tinta;
pense entonces
en cambiarlo
y eso hice.
Alli fue que descubri: eran mis manos las que no querian transmitir... y era el lapicero quien si queria escribir.



